El calor persistente y la sequía han reducido drásticamente los niveles de agua del Danubio, dejando a las centrales nucleares de Rumanía y Hungría en riesgo de paradas o nuevos recortes de producción por falta de agua de refrigeración. El 3 de agosto, la Armada rumana dinamitó rocas en el canal de Bala y se preparó para construir una presa provisional que desviara más agua hacia la central nuclear de Cernavoda. Uno de los dos reactores de la planta ya se había parado, mientras que la instalación suministra normalmente alrededor de una quinta parte de la electricidad de Rumanía. La central nuclear húngara de Paks, de 2 GW, que suele generar cerca de la mitad de la electricidad del país, funcionaba a poco más del 10 % de su capacidad, con solo unos 240 MW aún disponibles.
Para aliviar la presión sobre la red, Dacia y Ford suspendieron la producción en Rumanía hasta el 19 de agosto, reduciendo la demanda eléctrica en unos 200 MW, mientras que las reducciones voluntarias de hogares y empresas húngaras recortaron la demanda en torno a 700 MW. Una menor producción nuclear podría aumentar la dependencia regional de la electricidad generada con gas, carbón e importada, lo que brindaría un posible apoyo indirecto a los precios del carbón térmico. Sin embargo, el informe no aportó datos que mostraran un aumento de la generación con carbón, de las compras de carbón o de los precios del carbón, por lo que es prematuro concluir que la demanda o los precios del carbón ya hayan subido. El episodio no tiene un impacto directo en el carbón coquizable.


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