El retraso de la Casa Blanca en cuanto a los posibles aranceles a las importaciones de cobre refinado bajo la presidencia de Donald Trump está acelerando dislocaciones estructurales en el mercado físico mundial del cobre. Aunque el plazo legal para que el secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, emitiera una recomendación ha expirado sin un dictamen público, la propia ambigüedad regulatoria se ha convertido en el principal motor de la dinámica del comercio global.
Al mantener activa la amenaza arancelaria, EE. UU. ha sostenido una prima de entrega elevada que sigue incentivando entradas físicas agresivas hacia los puertos estadounidenses. En los últimos 18 meses, este mecanismo ha permitido al país acumular un considerable stock interno de un metal crítico, esencial tanto para la transición energética verde como para los sectores de tecnología avanzada.
Sin embargo, esta acumulación deliberada ha sido a costa directa de la liquidez en los mercados fuera de EE. UU. El metal físico se está desviando sistemáticamente de los centros internacionales, provocando una rápida reducción de inventarios en los almacenes de la Bolsa de Metales de Londres y de la Bolsa de Futuros de Shanghái. A medida que las primas regionales de precios se amplían y los flujos comerciales se inclinan desproporcionadamente hacia Estados Unidos, la prolongada incertidumbre arancelaria corre el riesgo de convertir jugadas de arbitraje temporales en una fractura estructural permanente del mercado mundial del cobre.


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