El 9 de abril de 2026, el Gabinete japonés aprobó oficialmente la última enmienda a la Ley de Eliminación de Residuos y Limpieza Pública (comúnmente conocida como la "Ley de Limpieza de Residuos"). El núcleo de la enmienda es elevar las operaciones de reciclaje de metales de un sistema de notificación a un sistema de permisos, e imponer una nueva obligación que requiere la confirmación del Ministro de Medio Ambiente para las exportaciones de chatarra metálica. El objetivo es frenar la salida ilegal de recursos metálicos nacionales, al tiempo que se abordan problemas como incendios y contaminación en los depósitos de chatarra.

La propuesta de esta legislación no se logró de la noche a la mañana. Ya en 2025, el Ministerio de Medio Ambiente de Japón había iniciado discusiones relevantes, solicitando opiniones de la industria en múltiples ocasiones sobre la exportación ilegal de chatarra con contenido metálico, como baterías de plomo-ácido usadas y placas de circuitos electrónicos. En febrero de 2026, el Instituto Japonés de Reciclaje de Hierro y Acero se opuso públicamente a la disposición del borrador que "trata toda la chatarra metálica como materiales potencialmente peligrosos", argumentando que el umbral del sistema de permisos era demasiado alto y podría amenazar la supervivencia de las pequeñas y medianas empresas de reciclaje. Sin embargo, citando "la salvaguarda de la seguridad económica y la prevención de la fuga de recursos", el gobierno japonés aún impulsó la legislación para ser finalizada en el Gabinete en abril y planea presentarla a la Dieta para deliberación. Se espera que se implemente por fases dentro de dos años y seis meses tras su promulgación, con las disposiciones centrales de confirmación de exportación y sistema de permisos como prioridad.

Las empresas nacionales en Japón mostraron actitudes divididas. Las grandes empresas de metales reciclados generalmente apoyaron las nuevas regulaciones, creyendo que podrían eliminar los desguaces pequeños y medianos no conformes, reducir la competencia desleal en la industria y asegurar un suministro nacional estable de materias primas recicladas. Sin embargo, los recicladores pequeños y medianos temían que los umbrales de instalaciones, protección ambiental y capital del sistema de permisos fueran demasiado altos, con riesgos de cierre. Algunos comerciantes dependientes de las exportaciones también indicaron que la adición de procedimientos de confirmación de exportación alargaría significativamente los ciclos de entrega y aumentaría los costos de cumplimiento.
Esta legislación representa un paso importante en el fortalecimiento del control de recursos por parte de Japón. A corto plazo, remodelará el panorama nacional de reciclaje y exportación de metales, mientras que a largo plazo, impulsará la industria japonesa de metales reciclados hacia la estandarización y la concentración.
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